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Capitulo 1: "El Latido de las Cenizas"sábado, 8 de febrero de 2025
El mundo se había reducido a dos colores: el gris de la ceniza y el rojo de las brasas que titilaban en la distancia. No había cielo, ni horizonte, solo una niebla espesa que se enroscaba sobre sí misma, como si el aire mismo estuviera herido.
La drow despertó con un jadeo ahogado. Sus pulmones ardían, cada bocanada de aire era un cuchillo de humo y hollín. Se tocó el pecho, buscando el colgante de plata de Elistraee, y lo encontró allí, frío e inerte, como si la diosa hubiera cerrado los ojos al mundo. Sus dedos largos y pálidos trazaron un círculo en el aire, intentando invocar una llama, pero solo brotó un hilillo de humo negro que se retorció y desvaneció. ¿Dónde estoy?, pensó, pero la respuesta no llegó. Solo el silencio, roto por el crujido lejano de algo que se consumía.
A unos pasos, el gnomo yacía boca abajo, su cuerpo diminuto casi perdido entre la capa de ceniza que cubría el suelo. Su ropa, otrora verde y bordada con enredaderas, estaba chamuscada, y su sombrero puntiagudo yacía a un lado, perforado por una quemadura circular. Al moverse, el gnomo tosió, escupiendo una mancha negra en la tierra. Sus manos, callosas por años de cavar surcos y acunar brotes, se aferraron a un puñado de tierra, pero esta no era tierra: era polvo, seco y estéril, que se deslizaba entre sus dedos como arena de reloj.
El lugar era plano, infinito en su desolación. No había árboles, ni montañas, ni rastros de vida. Solo tierra quemada y restos de lo que pudo haber sido hierba, ahora reducida a hebras carbonizadas que crujían bajo sus pies. El humo se arremolinaba a su alrededor, espeso y caliente, ocultando todo más allá de unos pocos metros.
La drow se levantó, lenta, sintiendo el peso de la incertidumbre en cada movimiento. Sus ojos, adaptados a la oscuridad de las profundidades, escudriñaron la niebla en busca de amenazas. No vio nada. Solo sombras que se movían al ritmo del viento, o tal vez de algo más.
El gnomo, por su parte, se incorporó con dificultad. Sus ojos verdes, usualmente llenos de curiosidad, ahora reflejaban confusión y miedo. Buscó en sus bolsillos, esperando encontrar alguna semilla, alguna herramienta, pero solo halló polvo y fragmentos de cristal. Al mirar a su alrededor, supo que no había jardín aquí. No había nada.
Un sonido los sobresaltó a ambos: un crujido bajo, como el de un hueso rompiéndose bajo presión. Vino de la niebla, desde algún lugar a su derecha. La drow se tensó, sus instintos de cazadora despertando a pesar de la falta de armas. El gnomo contuvo la respiración, sus manos temblorosas buscando algo —cualquier cosa— que pudiera servir de defensa.
Pero no había enemigos visibles. No había respuestas. Solo el humo, la ceniza y el eco de un mundo que ya no existía.
Y, en medio de todo, la pregunta que flotaba en el aire, pesada como una losa: ¿Qué ha pasado aquí?
Forgotten realms
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