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Vigil

Los ángeles guardianes tienen, en teoría, un deber muy simple. Son miembros de la corte angelical enviados por su dios para vigilar a un mortal en específico. Los ángeles guardianes pertenecen a la tercera esfera —la más baja, la más alejada de su dios y la destinada a interactuar directamente con los mortales—, y es precisamente esta distancia con lo divino y esta cercanía a la experiencia mortal lo que lleva a que algunos desarrollen su propia versión de la conciencia. Es un fenómeno raro, pero a veces los ángeles guardianes incluso desarrollan sentimientos hacia los mortales que deben proteger.

Los ángeles fueron concebidos por lo divino como meros ejecutores: constructos celestiales que siguen las órdenes de su dios sin vacilar ni cuestionar, desprovistos de emociones. Sin embargo, la cercanía con la humanidad puede cambiar eso, despertando en el ángel emociones reales. Cuando esto ocurre, y el mortal y el ángel inician una relación, su unión puede dar lugar a un vigil.

Los vigils son el fruto de la unión entre un mortal y el ángel guardián que lo protegía. Son reconocibles de inmediato por su halo, el cual todos poseen y cuya apariencia varía dependiendo del dios al que servía su progenitor celestial. Algunos están hechos de luz etérea, otros adoptan la forma de un rayo crepitante, o de un oro metálico brillante. El halo aparece alrededor de la cabeza del vigil en la adolescencia, pero puede reconocérseles desde su nacimiento gracias a su segunda característica distintiva: sus alas vestigiales. Estas son demasiado pequeñas para volar, pero todos los vigils tienen al menos un par. La Ubīcación más común es a ambos lados de la cabeza, aunque algunas alas brotan en los talones, los antebrazos o las caderas, pero nunca en la espalda. Las alas vestigiales y el halo son los signos más comunes y característicos de su sangre celestial, pero existen otros, mucho más raros. Estos incluyen pares adicionales de ojos (a menudo de color distinto al natural), plumas blancas que crecen alrededor de las articulaciones o yemas de los dedos blancas y duras como el mármol o metálicas como el oro. No es raro que estas marcas divinas cambien o evolucionen a lo largo de la vida del vigil —algunos creen que se acentúan si este se acerca a la fuente divina de su magia—, volviendo su apariencia más sobrecogedora o más hermosa, según a quién se pregunte.

Estos indicadores visibles son la marca de la chispa divina transmitida por su progenitor angelical, pero dicho progenitor no solo hereda poder, sino también deber. Cada vigil posee lo que se llama un Protegido: alguien con quien está conectado metafísicamente y a quien debe proteger a toda costa. Son guardianes angelicales mortales, no por designio divino, sino por linaje. El vigil no elige a su protegido; esta servidumbre le es impuesta por fuerzas que nadie comprende del todo. Algunos dicen que es el destino, que ese protegido debe vivir para cumplir un propósito concreto; otros creen que es un capricho aleatorio del cosmos. Sea como fuere, el vínculo entre un vigil y su protegido es irrompible, sin importar cuánto lo desee cualquiera de los dos. Los vigils están dotados no solo de poderes divinos, sino de habilidades específicas para salvaguardar a su protegido. Conocen la Ubīcación aproximada de este, su estado emocional y si está en peligro. El vigil siente el dolor, la angustia y la ira de su protegido, así como su alegría, entusiasmo y felicidad. Esta conexión es tan profunda que, si el protegido muere, el vigil muere con él.

El modo en que un vigil afronta esta realidad varía. Algunos asumen su papel protector de forma natural, pero no todos lo hacen. Un vigil puede estar predestinado a proteger a alguien, pero no a ser bueno, cariñoso o amable con él. Algunos detestan su destino, incapaces de aceptar que su vida dependa de un desconocido o, peor aún, de alguien que detestan. Hay historias de vigils que mantienen a sus protegidos encerrados de por vida, manteniéndolos a salvo, pero privándolos de vivir plenamente. También hay historias de protegidos que desprecian a su vigil, hartos de que un extraño vigile cada uno de sus movimientos. Incluso existen relatos de protegidos que han matado a su vigil, ya que la muerte de este no implica la suya propia.

Sin embargo, hay tantas historias de vigils y protegidos que se enamoran profundamente, reflejando de algún modo la historia de amor que dio origen al vigil. Existen linajes enteros de vigils y protegidos, familias unidas generación tras generación por la chispa divina: casas nobles de protegidos y familias de mayordomos vigils. Incluso se cuentan leyendas de dos familias destinadas a reencontrarse y enamorarse cada diez generaciones.

El vínculo emocional entre un vigil y su protegido puede variar enormemente, pero la triste verdad es que, debido a su conexión irrompible, estas historias terminan en tragedia más a menudo que en un final feliz.

  Origen: Antonio Demico (Pointy Hat)

  Legado de Aasimar

Rasgos raciales Vigil

Tu personaje Vigil tiene unos cuantos rasgos en común con el resto de miembros de su raza:

  Velocidad. 9 metros9 metros30 pies6 casillas

  Conexión con el protegido. Estás vinculado desde tu nacimiento a otro mortal. Ese mortal es tu protegido, y el vínculo entre ambos te ayuda a vigilarlo y protegerlo, proporcionándote la siguiente información:

  • Conoces la dirección general de la ubicación de tu protegido, pero no la distancia exacta.
  • Conoces el estado emocional general de tu protegido.
  • Sabes si tu protegido está en peligro de muerte.
  • Mientras estés a metros o menos de tu protegido, éste tira todas las tiradas de salvación contra la muerte con ventaja.

Tu vida está intrínsecamente ligada a la de tu protegido. Si tu protegido muere, tú mueres con él. Si tu protegido muere y luego es revivido por cualquier medio, incluido un conjuro, no revives automáticamente con él. No puedes ser revivido si tu protegido está muerto, pero si eres revivido mientras tu protegido sigue vivo, recuperas inmediatamente los beneficios de Conexión con el Protegido.

  Bendición del guardián. Como acción adicional, puedes tocar a una criatura y envolverla en tu energía divina. La criatura recupera el máximo posible de puntos de golpe de la próxima curación que reciba. Por ejemplo, en lugar de que un conjuro de curación restaure 2d6 puntos de golpe, restaurará 12 puntos de golpe. Una vez uses este rasgo, no podrás volver a usarlo hasta que finalices un descanso corto.

  Forma de guardián. A partir del nivel 3, puedes usar tu acción adicional para desatar la energía celestial que hay en tu interior, transformándote en una forma angelical y obteniendo los beneficios de tu ascendencia divina. Tus alas vestigiales crecen a su tamaño completo, otorgándote una velocidad de vuelo igual a tu velocidad al caminar.

Una vez en cada uno de tus turnos, puedes elegir infligir daño radiante adicional a un objetivo al que hayas causado daño con un ataque o un conjuro, o curar a una criatura a 9 metros9 metros30 pies6 casillas de ti al final de tu turno. El daño adicional o los puntos de golpe curados son iguales a tu bonificador de competencia.

Tu transformación dura 1 minuto o hasta que la termines como acción adicional. Una vez uses este rasgo, no podrás volver a usarlo hasta que finalices un descanso largo.

Rasgos raciales Aasimar

Como legado de Aasimar, tu personaje comparte también los rasgos de su especie:

  Resistencia celestial. Tienes resistencia al daño necrótico y al radiante.

  Visión en la oscuridad. Tienes visión en la oscuridad hasta 18 metros18 metros60 pies12 casillas.

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