Leónido

Los leónidos custodían las tierras resplandecientes de Oreskos, una llanura dorada donde ni los dioses suelen aventurarse. Estas orgullosas y nómadas gentes con forma de león rara vez tratan con otras razas, pues su hogar les da todo lo que necesitan y conocen bien la traición de los forasteros. Aun así, algunos sienten curiosidad por lo que hay más allá de las montañas que bordean Oreskos y buscan probarse en el mundo.
Los leónidos suelen ser más altos que los humanos y se mueven con una seguridad que refleja su fuerza física. Su cuerpo está cubierto de pelaje leonado, y algunos lucen densas melenas que van del dorado al negro. Sus manos son tan hábiles como las de cualquier humanoide, pero poseen garras felinas retráctiles que pueden extender al instante. Esto, junto con su capacidad para emitir rugidos estremecedores, les da un aire que oscila entre lo regio y lo temible.
Su confianza puede parecer altivez. A veces tranquiliza a sus aliados; otras, se interpreta como desafío frente a autoridades impuestas o expertos que consideran indignos.
A menudo otros los ven como susceptibles, intolerantes a la crítica o beligerantes. En realidad, muchos leónidos simplemente disfrutan del combate, sea verbal o físico. Les encanta discutir, forcejear, entrenar e incluso luchar: es la forma de poner a prueba cuerpo y mente.
Por lo mismo, no suelen guardar rencor. Un guerrero puede reaccionar con violencia inmediata ante un insulto, pero después del combate (y con su superioridad demostrada) el enfado se evapora junto con el rival.
Pocos leónidos sirven a los dioses. Hace siglos adoraban a los mismos que los humanos, pero tras sufrir los abusos del tirano Agnomakhos, la mayoría los rechazó. No niegan su existencia: simplemente los ven volubles e indignos de devoción. La tabla “Los leónidos y los dioses” muestra varias actitudes posibles.
Los leónidos confían en sí mismos y en su manada. Una manada se une por experiencias compartidas, en especial la caza sagrada. (Más información en el capítulo 3 sobre Oreskos y sus habitantes leónidos).
Los leónidos y los dioses
| d6 | Actitud |
|---|---|
| 1 | Me divierten las payasadas de los dioses y de sus campeones mortales tan entregados como, al final, engañados. Me siento superior en mi desapego. |
| 2 | La intromisión de los dioses en los asuntos mortales me enfurece y amarga. ¡Ojalá nos dejaran en paz! |
| 3 | Veo a los dioses como adversarios dignos: increíblemente listos y hábiles en sus planes a largo plazo, pero destinados a perder. |
| 4 | Estoy seguro de que todo lo malo puede culparse a los dioses, pero pongo los ojos en blanco ante cada giro del destino y sigo con mi vida. |
| 5 | Ojalá pudiera ser tan ingenuo como quienes creen que los dioses cuidan de ellos. Echo de menos esa inocencia. |
| 6 | No lo comento con otros leónidos, pero en realidad venero a los dioses e intento complacerlos con mis actos. |
Origen: Odiseas míticas de Theros
Rasgos raciales Leónido
Tu personaje Leónido tiene unos cuantos rasgos en común con el resto de miembros de su raza:
Velocidad. 10.5 metros
Instintos de cazador. Tienes competencia en una habilidad a elegir entre: Atletismo, Intimidación, Percepción o Supervivencia.
Rugido intimidante. Como acción adicional, puedes soltar un rugido especialmente aterrador. Criaturas a tu elección en un radio de 3 metros que puedan oírte deben superar una tirada de salvación de Sabiduría o quedarán asustadas hasta el final de tu siguiente turno. La CD es 8 + tu bonificador de competencia + tu modificador de Constitución. Tras usar este rasgo, no puedes volver a hacerlo hasta completar un descanso corto o largo.
Garras. Tus garras son armas naturales para ataques sin armas. Al golpear, infliges 1d4 + tu modificador de Fuerza de daño cortante, en vez del daño contundente habitual.
Velocidad. Tu velocidad aumenta a 10'5 metros.
Visión en la oscuridad. Tienes visión en la oscuridad hasta 18 metros.